Una riqueza de detalles suntuosos y un colorido intenso se unen en este extraordinario y monumental retrato del pintor orientalista francés Georges Rochegrosse. La escena captura a la amada esposa del artista, Marie, en una habitación que es un auténtico deleite para los sentidos, desde la curiosa cerámica china pulida y la mesa de plata reluciente hasta el chal tejido de Marie y el abundante pelaje de su caniche. Las armonías de color cuidadosamente compuestas por Rochegrosse aportan cohesión a la composición, por lo demás ecléctica, que se encuentra entre las mejores de su obra.
A pesar de la abundancia de detalles que la rodea, Marie se muestra a gusto en esta habitación, y la intimidad de la composición revela la profunda relación entre el sujeto y el artista. Tras casarse en 1890, Marie se convirtió en la mayor musa de Rochegrosse y apareció en sus composiciones una y otra vez, como grandes heroínas de la antigüedad o seductoras odaliscas en interiores exóticos. Este retrato, sin embargo, ofrece una visión excepcional de la vida cotidiana de esta pareja artística, ya que Rochegrosse la retrata en la mesa del desayuno de su villa en El-Biar.
Enclavada en las colinas sobre la bahía de Argel, la casa, conocida como Djenan Meriem, era legendaria por sus suntuosos interiores que fusionaban Oriente y Occidente. Como escribió un periódico francés en 1905: «Djenan-Meriem se asemeja a una belleza oriental cuya sonrisa acogedora te cautiva en cuanto la ves». El mismo sentimiento se percibe en este retrato de hermosa composición, un tesoro innegable de la tradición académica francesa. - Fuente

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