Una riqueza de detalles suntuosos y un colorido intenso se unen en este extraordinario y monumental retrato del pintor orientalista francés Georges Rochegrosse. La escena captura a la amada esposa del artista, Marie, en una habitación que es un auténtico deleite para los sentidos, desde la curiosa cerámica china pulida y la mesa de plata reluciente hasta el chal tejido de Marie y el abundante pelaje de su caniche. Las armonías de color cuidadosamente compuestas por Rochegrosse aportan cohesión a la composición, por lo demás ecléctica, que se encuentra entre las mejores de su obra.
